6 de febrero de 2013

lo que realmente es amor

El sentir amor esta realmente sobrevalorado. Conocemos a alguien totalmente nuevo que nos atrae. Pero no nos engañemos (y esto es algo a lo que he llegado a base de experimentarlo) no es su físico lo que nos atrae, aunque equívocamente así lo pensemos, tampoco su personalidad, ni sus ideales ni su aroma ni si quiera su inigualable forma de ser. Lo que realmente capta automática e involuntariamente nuestra atención es su condición de 'novedad' . Jamas nos enamoramos de quien ya conocemos, ni seguimos enamorados de quien conseguimos llegar a conocer. Asociamos novedad con diferente, todo lo que ya conocemos resulta monótono, igual, predecible, sin embargo, cuando de la nada aparece alguien desconocido y ajeno a nosotros, lo creemos diferente, se nos enciende esa apagada hoguera de esperanza que vuelve a apostar arriesgando al máximo, apuesta a ciegas por la inestimada posibilidad de que esa nueva persona sea diferente, sea capaz de mantenernos atraídos a ella como si de un imán se tratase durante un tiempo que no caduque como los mil anteriores, apuesta  de forma involuntaria y mas bien refleja por que la novedad perdure siempre y no pase a convertirse en antigüedad, en monotonía, en previsibilidad, apuesta que sea LA persona. Por desgracia nunca lo es, no existe nadie capaz de hacernos temblar las piernas eternamente, no existe tal persona con fuerza suficiente en la mirada que consiga sonrojarnos eternamente. Inicialmente, nuestro instinto vital esperanzador confía que así ocurra hasta que un día cualquiera, por motivos no puntuales, los te quiero dejan de hacer efecto y es entonces cuando alguna pieza falla. Ingenuos de nosotros vemos la evidencia del fallo en cualquier suceso o actitud que consideramos negativo, 'algo hemos hecho mal y es esto' nos decimos a nosotros mismos adjudicando el fin de sentimientos a algo concreto, como si fuéramos capaces de saber que es lo que falla, cuando realmente no somos capaces ni de entender porque falla ahora y no antes ni después. 
Pues buen,permitirme la aclaración, todo siempre ha sido así y nada ha cambiado. Diré entonces a lo que quiero llegar; lo que 'falla' no son las caricias, ni los besos, ni tu ni el ni ella ni su actitud ni la tuya, ni los orgasmos ni ninguna cosa en absoluto que no conociéramos  ya, y aquí esta el problema, que todo sigue igual que como lo encontramos, que la novedad deja de ser novedad y como indicaba al principio, todo lo que nos atraía de una persona era esta condición y la esperanza de experimentar algo nuevo y diferente que llega consigo. Cuando no queda nada por descubrir dejamos de amar, porque no amamos a las personas, amamos inconscientemente la capacidad que tienen de sorprendernos. El amor dura lo que dura conocernos. Solo. Y así ocurre infinidad de veces, conocemos por primera vez, nos ilusionamos, conocemos realmente y luego siempre fallamos. 
Por eso yo no creo en el amor para siempre, durara mas o menos en función de la velocidad en que nos demos mutuamente el uno al otro y del cariño que queda después de compartir el mundo entero con aquel desconocido que llegamos a conocer. Pero entonces ya no hablamos de amor, si no de cariño, amor, solo hay una forma de sentirlo y es a través de agridulces  mariposas en el estomago mezcladas con conversaciones de madrugada, el brillo de tus ojos reflejado en el suyo después del mas excitante polvo, celos rematadamente incontrolables y miradas cabizbajas muertas de miedo ante la posibilidad de encontrarse y no saber esconder un 'te quiero' que es todavía, por supuesto, impredecible para ambos.